De la mano de Pedro Almodóvar, estrena esta semana Amarga Navidad (2026). Protagonizada por Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez-Gijón.
Dos historias análogas se cuentan paralelamente, discutiendo la moralidad de la autoficción y sus límites. En la primera, Elsa (directora de cine) experimenta los primeros signos de una ansiedad reprimida desde la muerte de su madre. En la segunda, Raúl (guionista y director) usa de inspiración para escribir a los que lo rodean, hiriendo algunas sensibilidades.
En primer lugar, lo interesante de la propuesta es su circularidad. Es claro que la historia de Elsa (Lennie) es parte del guion que escribe Raúl (Sbaraglia), pero en ese diálogo no surge una dependencia; hay autonomía. El grupo de mujeres toma un rol igual de protagonista, permitiendo que ambas líneas argumentales cobren vida de forma similar.

Otro punto a favor es el manejo del humor. El personaje de Sbaraglia funciona como excusa para hacer algunos chistes a costa de los guionistas (que siempre viene bien), pero no se queda ahí; Raúl encarna la complejidad del que cree que hay que sacrificarlo todo por una buena obra. Además, otros personajes secundarios aportan a la comicidad con ocurrentes observaciones sobre las profesiones de la industria del entretenimiento.
En el aspecto visual, como era de esperarse, el film se destaca. Aparece nuevamente un paralelo, esta vez entre el adentro y el afuera. Las escenas de Raúl son mayormente dentro de su casa; siendo una metáfora del encierro mental, de la lejanía con los demás. Las de Elsa se pasean por amplios exteriores que quedan grabados en la retina.
En conclusión, les recomiendo enfáticamente el nuevo estreno de Almodóvar (Amarga Navidad) a todos los que vengan siguiendo al director, y también a los que no estén demasiado familiarizados con su trabajo.
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