Los Lagos (2026) es un documental nacional dirigido por Diego Gachassin. Protagonizado por los hermanos Tomás y Agustín Lagos, separados de forma territorial y emocional. En noventa minutos, los veremos atravesar sus vidas y conflictos. Han elegido caminos distintos, uno dedicándose a la medicina y el otro a la biodecodificación.
En primer lugar, resulta difícil atravesar la mayor parte de la película documental sin tener una sensación de vacío. La oportunidad de generar sentido queda vacante desde el punto de vista técnico y simbólico. Parece no definirse adrede ni la posición de la cámara, la elección de material o quien lleva la batuta narrativa. Lo cual es una pena, porque las diferencias entre dos hermanos que trabajan de formas tan distintas con lo corporal sería interesantísima.
El problema con la mayor parte de los largometrajes que no proponen una mirada subjetiva clara o una búsqueda técnica es que solo podemos concentrarnos en la moral del contenido; en otras palabras, si estamos o no de acuerdo con lo que vemos. En este caso, resulta difícil empatizar con la propuesta de uno de los hermanos de que “las enfermedades vienen enteramente de emociones”. Al espectador no le quedará otra alternativa que concentrarse en nociones expulsatorias, porque el material que tiene enfrente es puramente testimonial. Muchas veces se piensa el documental como una especie de dios del audiovisual, un ente que todo lo ve y que no se posiciona en ningún aspecto. Pero tiene algo que aprender de su hermana menor, la ficción, que construye un mundo bajo la premisa de ser subjetiva. Si imagináramos cualquier película del género sin punto de vista, nos quedarían obras espantosas y muy difíciles de tolerar.
Por otro lado, hubo un intento de proponer un recorrido por diferentes lugares del país, que concluye en un viaje al sur. Resulta interesante como metáfora, pero aparece demasiado tarde. Además, no da cuenta del trayecto emocional de ambos hermanos porque se concentra casi de manera exclusiva en la experiencia de Agustín.
Para terminar, como siempre, los invito a ver por ustedes mismos Los Lagos y sacar sus propias conclusiones.
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