«Minion», traducido literalmente como lacayo, es definido por el Collins Dictionary como «una persona que hace lo que otra le ordena, generalmente tareas menores o poco importantes». No sé si este dato les va a cambiar la vida, pero es una buena forma de empezar a hablar de Minions & Monstruos (Minions & Monsters, 2026), la nueva entrega de la franquicia.

Esta vez nuestros amigos amarillos, en su eterna búsqueda de un villano al que servir, terminan en un Hollywood en plena transición del cine mudo al sonoro, donde se convierten en estrellas por accidente. El problema llega cuando la industria descubre que los Minions tienen un pequeño inconveniente: hablar. Resulta que decir «papoi» en medio de una escena dramática no era exactamente lo que buscaban los productores, así que, educadamente, les dan un voleo en el orto los echan y los obligan a reinventarse.

Lo más interesante de la película aparece justamente ahí. Más que contar otra aventura de los Minions, aprovecha ese contexto para convertir toda la historia en una enorme carta de amor al cine clásico. Hay referencias a los hermanos Lumière, Georges Méliès, Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd, además de guiños a películas como Citizen Kane (1941), Singin’ in the Rain 1952), The Blob (1988) o incluso ¿Y dónde está el piloto? (Airplane!, 1980) El público cinéfilo probablemente disfrute encontrando cada referencia; el público objetivo, de entre cuatro y diez años, seguramente no tenga muy presente el impacto histórico de The Horse in Motion (a menos que el niño en cuestión sea el mismisimo Fernando Martin Peña), pero tampoco importa demasiado porque los chistes funcionan igual.

Detrás de cámara vuelve Pierre Coffin, un viejo conocido tanto de esta saga como de Mi villano favorito (Despicable Me, 2010). Sin alejarse demasiado de la fórmula habitual de humor físico y slapstick, consigue que los homenajes nunca se sientan como simples guiños para entendidos. Funcionan como parte del propio humor de la película: quien reconoce la referencia suma una capa extra de disfrute, y quien no, simplemente se ríe igual.

Si llevan a un chico, probablemente salga feliz por los golpes, los monstruos y las incontables pavadas que hacen los Minions. Si crecieron viendo cine clásico, además se van a encontrar con una película sorprendentemente cariñosa con la historia del cine. Y la verdad, después de tantas secuelas hechas en piloto automático, se agradece encontrar una que todavía parece hecha por gente que ama el medio con el que está jugando.

MINIONS & MONSTRUOS YA ESTÁ DISPONIBLE EN LOS CINES DE NUESTRO PAÍS.

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