A lo largo de los 107 minutos en los que A cualquier precio (By any means, 2026) desarrolla su trama y sus ideas sobre lo que representa la lucha por los derechos y la igualdad en la sociedad, la dicotomía entre la confrontación y la protesta pacífica aparece y desaparece entre sus personajes y sus escenas de acción, dejando que la violencia termine pesando más que su intención de presentar un mensaje significativo.
Compuesta por una libre interpretación de varios hechos reales que sucedieron en el sur de los Estados Unidos durante los años 60, Mark Wahlberg interpreta a Greg Scarpa, un mafioso que trabaja secretamente para el FBI a cambio de no terminar preso. Es enviado en misiones a “buscar” la verdad a base de romper huesos y matar racistas. Siendo esto último lo más importante, cuando un miembro prominente de la lucha por los derechos de los afroamericanos muere en un claro acto de odio, el FBI no tiene más remedio que arrastrar a Greg y a su prótesis de nariz demasiado cómica a los campos de algodón, donde cruza caminos Wayne Strider, un agente afroamericano, interpretado por el siempre asombroso, Yahya Abdul-Mateen II (Aquaman, Wonder Man), quien intenta llevar el caso por el camino de la justicia y la verdad.
Entretejida con múltiples escenas en las que ambos personajes llegan a un lugar, se insultan entre ellos y a los racistas, alguien golpea a alguien y dicen un nombre que ambos ya habían mencionado antes, para salir de allí y terminar nuevamente en escenas de acción, la película parece copiar y pegar su propia fórmula una y otra vez.
En los pocos momentos en los que ambos personajes hablan y establecen sus ideas sobre el odio que habita en esa parte húmeda del mundo, quedan marcadas dos posturas representadas por dos figuras importantes de la época:
“Queremos libertad por todos los medios necesarios. Queremos justicia por todos los medios necesarios. Queremos igualdad por todos los medios necesarios” — Malcolm X.
“A pesar de las victorias temporales, la violencia nunca trae una paz permanente” — Martin Luther King Jr.
Pero jamás se aborda más allá de la primera idea como la verdadera forma de conseguir algo significativo. Incluso cuando el personaje de Yahya Abdul-Mateen II intenta sostener que la violencia no es el camino, la película termina arrastrándolo hacia la misma lógica que cuestionaba.
Desdibujada por sus propias mecánicas internas, A cualquier precio se une a la biblioteca de producciones que, en su búsqueda de algo real, se quedaron en su propio mito, donde es la sangre la que dibuja la historia y no la justicia.
Si te gustó la nota seguinos en nuestras redes sociales clickeando en los logos de abajo.




