Amores compartidos (Splitsville, 2025) es la nueva “comedia no romántica” dirigida por Michael Angelo Covino. Protagonizada por Adria Arjona, Dakota Johnson, Nicholas Braun y su director.
Carey, recientemente separado de su esposa, pasa unos días en la casa de verano de sus amigos Paul y Julie. En ese momento, descubre la clave de la felicidad de su matrimonio amigo: una relación abierta. Cuando los límites entre ellos se tornen difusos, todas sus vidas quedarán dadas vuelta (si ya no lo estaban).
Una de las primeras cuestiones que me llamó la atención es como se trata la temática. En general, las películas sobre relaciones abiertas son muy fantasiosas (y proselitistas) o están cargadas de juicio moral. Amores compartidos encuentra un tono más amigable, en el que la historia no está cargada de opinión.
Siguiendo con la parte narrativa, encuentro en los puntos a favor como se trasmite el mensaje. El foco no está en sí es una forma válida de vincularse o no, no es el punto resolver grandes cuestiones sociales. Al final, lo importante es la dificultad de vincularse de los personajes entre sí (sean amigos, pareja, etc.). Ahí está la clave de por qué la película funciona durante la primera mitad: no buscar resolver, sino mostrar la infinita cantidad de conflictos relacionales.

Como adelanté, todo decae al pasar una hora. Si bien tiene un humor muy particular, que nos mantiene atentos, el guion se pone caótico pasado el conflicto. En este punto, nuestra atención se mantiene gracias a las intervenciones del hijo de Paul y Julie, que es tanto particular como gracioso.
A modo de paréntesis, es la segunda película sobre relaciones que protagoniza Dakota este año. Al principio, parecía una decisión cuestionable: ambas tocan cuestiones contextuales más que de amor; lo cual podría hacerle un daño a la actriz. La realidad es que su personaje como Lucy en “Amores Materialistas” (hasta los títulos en español se parecen) no compite con el presente rol.
Por otro lado, siendo la segunda película dirigida por Covino, me sorprendió el despliegue técnico. Muchas veces, las óperas primas se caracterizan por ser un portfolio de todo lo que sabe hacer el director en términos de planos, iluminación, etc. En ciertos momentos, da la sensación de que ocurre eso mismo. No va en demérito del largometraje, pero tampoco tiene una razón fuerte que respalde esas decisiones.
En conclusión, Amores compartidos es una película para pasar el rato. Probablemente, les causará gracia a los que estén familiarizados de alguna forma con la modernidad relacional/parental.
Estrena en cines el 4 de septiembre.
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