Oz Perkins está en su mejor momento. El director, hijo del legendario Anthony Perkins (protagonista de Psicosis, el clásico de Hitchcock), viene de estrenar Longlegs, uno de los mayores éxitos del terror del año pasado. Ahora, apenas seis meses después, regresa con su nueva propuesta: El Mono (The Monkey). Basada en un relato corto de Stephen King y con la producción de James Wan, la película llega de la mano de NEON, el estudio detrás de la ya mencionada Longlegs, Cuckoo, Inmaculada e Infinity Pool, entre otras. Con semejante equipo, las expectativas eran altísimas y, adelantando mi conclusión, puedo decir que no decepciona.

Antes que nada, si venís con las expectativas altas tras Longlegs, es mejor que las ajustes. El Mono se aleja de la solemnidad de su anterior trabajo para entregarnos una auténtica comedia de terror, y eso es precisamente lo mejor que tiene para ofrecer. El éxito de Hereditary, Get Out y The Witch —impulsado en gran parte por A24— consolidó la tendencia del llamado «terror elevado», donde reinan la seriedad y los climas opresivos. No me malinterpreten, soy un gran defensor de muchas de estas películas (aunque no tanto de la etiqueta), pero se extrañan aquellos tiempos en los que el terror no temía abrazar su faceta más lúdica y buscaba, ante todo, entretener. Y el público parece sentir lo mismo. De ahí el éxito de sagas como Terrifier, el resurgimiento del slasher y toda la ola de nostalgia ochentera, una década en la que el género se permitió ser más desfachatado que nunca.

La pelicula logra capturar ese clima festivo del terror de los 80s, gracias en buena parte a un humor tontorron, casi cartoonezco, donde todo pasa de inusual a directamente surrealista, y donde todo se rige exclusivamente bajo las reglas de este universo, así que preparate para entrar en su juego y lo que propone, o quedar totalmente afuera del chiste.
En este caso, The Monkey nos presenta la historia de dos hermanos, Hal y Bill, cuyo odio mutuo alcanza niveles extremos. Pero cuando entra en juego un misterioso muñeco de mono, portador de una terrible maldición, ese rencor se transforma en una espiral de muertes estrambóticas dignas de Destino Final. La película combina a la perfección un humor completamente delirante con dosis generosas de gore, creando una receta que, cuando se ejecuta bien, es infalible. Y aca, sin duda, lo es.

Destacan especialmente el nivel del gore y el trabajo de maquillaje en las escenas de muerte, ambos de una calidad altísima. Pero lo que realmente eleva la película es la dirección de Oz Perkins, un cineasta con una marcada personalidad. Aunque su estilo puede ser cambiante en términos de tono, siempre mantiene una coherencia visual en la composición de sus planos, la manera en que filma ciertas escenas y una línea argumental que conecta toda su filmografía.
Esto se debe, en gran parte, a su carácter autorreferencial. Como él mismo ha mencionado, sus películas exploran temas profundamente personales, como la muerte de su madre (quien falleció en el vuelo 11 de American Airlines, estrellado contra las Torres Gemelas) y su relación con su padre. Lo que se dice, un verdadero autor.

Asi que si querés reírte mucho, asustarte un poco y disfrutar de mucha violencia gratuita te recomiendo que vayas al cine a ver El Mono, una cita obligada para ir con amigos, pareja o incluso solo. La experiencia de estar en una sala riéndote con un montón de otras personas de lo mismo y el clima que eso genera no puede ser replicada en ninguna otra parte.
El Mono se estrena el 20 de Febrero en cines de Argentina.
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