Voy a dejar los tecnicismos de lado por un momento para hablar de El Brutalista (The Brutalist), la monumental película de Brady Corbet. La epopeya de László Toth llegando a Estados Unidos tras escapar de una Europa devastada por la guerra es brutal, intensa y está diseñada para arrollarte por completo. No solo por su extensa duración (215 minutos con un intervalo de 15), sino por la crudeza de su historia y cómo todos sus elementos se combinan a la perfección para hacerte querer seguir acompañando a estos personajes a lo largo de más de 40 años de historia familiar.

Es una película sobre la inmigración, el rechazo y, aunque no cae en el nihilismo ni en la desesperanza, en cada secuencia se siente que algo no está del todo bien, que estos personajes nunca terminan de encajar en las situaciones en las que se encuentran. También es una historia sobre el arte, sobre la relación de poder entre el artista y su mecenas y, en un sentido más amplio, sobre las dinámicas de poder en general. Hablar de la trama sin entrar en spoilers es complicado, así que prefiero compartir lo que sentí en este primer visionado intenso y absorbente.

La gran protagonista de la función es, sin duda, la fotografía de Lol Crawley. Desde el primer momento, la película te recibe con un hermoso cartel que adelanta que está filmada en VistaVision, un formato de película de 35mm de alta definición creado por Paramount en los años 50.
Si todo esto te suena a jerga técnica, te lo resumo fácil: antes de que casi todo lo audiovisual se grabara en digital, existía lo fílmico, un formato analógico en el que se filmaba y proyectaba, algo así como la diferencia entre audio digital y vinilo.
Volviendo al tema, VistaVision—un formato que rara vez se ha usado en el cine comercial en los últimos 50 años—le da a El Brutalista una estética y una profundidad únicas, evocando de manera casi tangible las épocas que retrata, en palabras de sus creadores… y la verdad es que se siente así.

Es inevitable hablar del escándalo que generó el uso de IA para mejorar los diálogos en Húngaro a lo largo de la película. La realidad es que es algo minúsculo sin un impacto real en lo artístico y mucho menos afecta la performance de los actores, ya que solo se mejoró la pronunciación de ciertas letras para hacer más creíble el diálogo. Sin ir más lejos, la gente está acostumbrada a ver películas con doblaje que genera mucho más impacto en las actuaciones que estamos viendo. Hablando de actuaciones, es un placer ver a Adrien Brody en estado de gracia, a Felicity Jones, que aunque tarda en aparecer, se roba la pantalla, y a Guy Pearce, quien resulta la contraparte perfecta al personaje de Brody.

Sé que una película de estas dimensiones puede llegar a parecer algo distante para el gran público pero la productora A24 ya ha sabido manejar con éxito obras similares y las nominaciones al Oscar (totalmente merecidas) deberían ser suficiente para alentarte a tomarte unas horas de tu vida y vivir una experiencia pensada para disfrutar en una sala de cine.
El Brutalista se estrena el 6 de Enero en cines de Argentina.
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