Este jueves 22 de mayo llega a los cines de Argentina Misión Imposible: La sentencia Final (Mission: Imposible – The Final Reckoning, 2025), la última entrega de una de las mejores sagas de acción de los últimos tiempos. Tom Cruise y compañía cierran la historia iniciada en Sentencia Mortal con todo lo que podemos esperar de esta franquicia. Y quizás, justamente ahí resida su mayor problema: nos da todo lo que esperamos, pero no mucho más.
Personalmente, me cuesta ser crítico con algo que amo con todo el corazón. Esta saga transmite en cada segundo una proeza técnica admirable, algo que aprendés a valorar cuando estudias cine. Claro que podés enamorarte de un plano o de la fotografía, pero cuando entendés lo difícil que es hacer una película, el trabajo invisible detrás de cada toma, lo desgastante de construir todo lo que vemos en cámara, aunque sea por un segundo, empezás a amar algo más que la imagen. Es la imagen más allá de la imagen.
En ese sentido, Tom Cruise es como Atlas: sostiene el peso de todo este universo sobre sus hombros. Las escenas de acción siguen siendo impresionantes: tiroteos, explosiones, cortes de cámara precisos y, en el centro de todo, él. Sin dobles, sin descanso, sin pausa. Es la razón por la que seguimos yendo al cine a ver estas películas.
Cuando empieza Sentencia Final con su clásica canción, se me puso la piel de gallina y estuve a punto de llorar. Sentí que estaba viendo el final de algo que empezó cuando era otro.
Pero a medida que pasaron las casi tres horas de película, mi emoción fue bajando.
Tras la experimentación de Sentencia Mortal, donde media película sucedía en Roma y se jugaba con el tono y los personajes, Sentencia Final vuelve a recorrer el mundo con el equipo habitual y algunas incorporaciones nuevas. La fórmula se repite: escapes al último segundo, planes imposibles, giros sobre giros. Una y otra y otra vez. Y aunque eso ha sido parte del ADN de la saga desde el comienzo, en este cierre hay algo menos vital, más automático, algo que se siente más construido para complacer que para sorprender.
Una de las cosas más interesantes que venían trabajando era la idea de que Ethan Hunt (Tom Cruise) comenzaba a delegar, a confiar más en su equipo. Pero acá volvemos a centrar todo en él, y personajes secundarios que venían ganando peso quedan relegados a un segundo plano. La carga vuelve a caer sobre el mismo de siempre y, en cierto punto, cuando estás todo el tiempo al borde del asiento, eso puede llevar al cansancio, más si lo que estás esperando es ver cómo se salva y no si va a salvarse.

La trama también tambalea. Por momentos parece seguir atando los cabos sueltos de la entrega anterior, pero también introduce nuevas complicaciones que solo suman ruido y confusiones para el espectador que no esté prestando tanta atención.
Sobre el final, logramos el objetivo que Sentencia Mortal había dejado pendiente… pero aún queda una hora de metraje que repite casi punto por punto el tercer acto de Fallout, salvo por la profundidad de esa trama.
Sentencia Final falla cuando intenta ir a lo seguro una y otra vez. Este universo no necesita ser verosímil, pero sí necesita sorprendernos. A veces, darnos todo lo que queremos no es suficiente; a veces, lo que más necesitamos de una historia final es algo distinto.
Atlas, el titán condenado a cargar el peso del mundo sobre sus hombros, representa esa lucha constante, ese esfuerzo inagotable.
Me gusta imaginar que, cada vez que Tom Cruise repite una escena donde pone en riesgo su vida, se pregunta si va a poder una vez más. Si todavía está a la altura.
Y me lo pregunto yo también: ¿Qué se siente saber que esta película existe gracias a vos? Que un estudio entero apueste todo a tu nombre, que cientos de personas (técnicos, actores, dobles, extras) confíen en tu capacidad para llevarlo todo adelante.
Que el cine de acción moderno, al menos este tipo de cine, siga girando en torno a vos. Me pregunto cómo se siente cargar el peso del mundo sobre tus hombros… y aún así, correr, saltar, volar. Una y otra vez.
Por eso, Tom Cruise es capaz de ser la última gran estrella del cine.
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