Barrio Triste es la opera prima del director colombiano Stillz , conocido por los videoclips que hizo para los cantantes y compositores Bad Bunny, Rosalia y Bizarrap entre otros.

Nos adentraremos en las profundidades sangrientas de un suburbio perdido en las afueras de Medellin a finales de los 80. Seguiremos los pasos de un grupo de muchachitos desde su punto de vista, tras robar una cámara de video a un periodista, de esta forma, los acompañaremos en sus turbias desventuras.

Con una trama poco convencional, seremos testigos de las acciones que los personajes llevan a cabo mientras deambulan o cometen delitos. Al mismo tiempo veremos escenas intercaladas con entrevistas/interrogatorios, casi como un homenaje a Los 400 golpes (Les quatre cents coups, 1959).

Me niego a contar algún tipo de spoiler, por qué la película en sí es una experiencia que quiero que la vivan en el cine, entren en el viaje que propone el metraje experimental que prioriza las sensaciones, en especial la incomodidad y el mal estar que se van convirtiendo en una pesadumbre insoportable.

Si tendría que elegir películas que podrían dialogar con Barrio Triste, serían los trabajos audiovisuales del director Harmony Korine. Gummo (1997), Julien Donkey-Boy (1999) y en especial Trash Humpers (2009) son tres largometrajes en los que seguimos los pasos de personajes bizarros y desagradables, de esos que si te los encontrás en otras producciones, serian villanos. Personajes condenados en sus denigrantes realidades, en sus pueblos o en su Barrio Triste.

Este parecido no es casualidad, Korine produjo el film, de hecho se nota claramente como una inspiración de Stillz, generando de esta forma una especie de «pase de batuta».


La cámara es un elemento crucial, no solo porque es el vehículo para atestiguar los sucesos traumáticos que viven estas almas en pena, sino que sirve para entender como es la realidad que convirtio a los protagonistas en unos violentos parias.

Quizas el ejemplo mas claro de este tipo de falsos documentales o «Found Footage» (metraje encontrado) es El proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999), donde abundan los planos de «mala calidad». Un detalle interesante respecto a esto es el de las marcas en la cámara que nos acompañan durante todo el largometraje. Estas «manchitas» causadas por un error mecánico trasforman, poéticamente, a las oscuras noches de Medellin, en el infinito espacio exterior.

La banda sonora es para destacar y corre a cargo de la artista venezolana de música electrónica, Arca, quien convierte estas imágenes en un viaje psicodélico a la desesperanza total.

Es una propuesta diferente, interesante para desintoxicarnos de tanto cine comercial y monótono.

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