ACLARACIÓN: EL FORMATO DE LA RESEÑA ESTA PENSADA PARA LEER EN LA VERSIÓN WEB DE LA PAGINA. IGUALMENTE, SI LA LEES EN EL CELULAR, NO PIERDE EL SENTIDO.
Entre giros y vueltas, entre paredes blancas y carteles amarillos
entre loops infinitos y repeticiones del mismo pasillo,
pero en especial entre planos y cortes, Exit 8 (2026) de Genki Kawamura
entrelaza la sensación de encierro real con la interna,
dejando expuesto que quizás existen formas de sufrir en repetición
por aquellas acciones que nunca tomamos o, peor aún,
por las decisiones frente a las cuales somos demasiado cobardes
para movernos y alcanzar aquello que nubla nuestra mente.
Entre giros y vueltas, la película basada en el exitoso juego
de hace unos años se convierte en la primera entrada
de la próxima gran oleada de terror liminal, aquella donde
la repetición, la ausencia de objetos y las paletas desgastadas
generan una sensación de ansiedad y encierro constante
capaz de atraparnos incluso más que la propia oscuridad.
Exit 8, brilla representando eso con un único set
porque la monotonía es el peor enemigo que nubla nuestra mente.
Entre giros y vueltas, la trama sigue a un hombre perseguido por una duda,
una indecisión frente a un evento capaz de alterar su vida, por sobre todo,
su futuro, mientras en este corredor eterno debe encontrar
anomalías que oscilan entre lo real, lo surrealista y lo aterrador,
aunque también entre situaciones completamente mundanas y cotidianas.
Y aunque este tipo de historias suelen desarrollarse en espacios vacíos,
aquí otras personas comienzan a formar parte de esta cinta de moebius interminable
porque repetir la misma trama es una monotonía y ese es el peor enemigo que nubla nuestra mente.
Entre giros y vueltas, el cuerpo del protagonista y su exterior sufre al mismo tiempo en este limbo ciclo que bajo el peso invisible de un recorrido que parece no tener descanso ni salida, porque cada nueva vuelta cambia la forma de caminar, de correr y hasta de respirar, por qué también
debe aprender a contar la realidad y de descubrir cuando algo cambia y cuando no haciendo que el desgaste psicológico se proyecte hacia el espectador cuando nosotros si descubrimos algo que él no.
Quizás ligado con la tactilidad de lo real que vemos,
del pasillo que podría ser en nuestra ciudad nos pone en la misma situación desgastante del recorrido de la
monotonía que es el peor enemigo que nubla nuestra mente.
Entre giros y vueltas, los planos y la cámara construyen la idea
de permanecer atrapados dentro de un corredor infinito,
imitando la perspectiva del videojuego mediante planos POV, también dando
planos largos que obligan a observar cada esquina como si el espectador
también debiera jugar este en ciclo para escapar junto al protagonista,
replicando en gran medida las sensaciones del juego a una escala cinematográfica
que otros intentos de adaptaciones dejan afuera en búsqueda de la separación de formatos
pero cayendo en la monotonía y ese es el peor enemigo que nubla nuestra mente
Entre giros y vueltas, Exit 8 también demuestra que las adaptaciones de videojuegos
pueden encontrar nuevas maneras de traducir mecánicas interactivas al lenguaje del cine
sin depender únicamente de referencias o guiños para quienes conocen el material original,
porque la película comprende que el verdadero corazón del juego
no estaba en su historia sino en la experiencia sensorial que proponía,
en la repetición, la tensión de observar y la ansiedad constante de avanzar o equivocarse,
logrando transformar una idea simple en una experiencia cinematográfica absorbente,
porque la monotonía es el peor enemigo que nubla nuestra mente.
Entre giros y vueltas, Exit 8 transforma la repetición en su propio lenguaje,
haciendo que los mismos planos, sonidos y recorridos regresen constantemente
con cambios escondidos o incluso mínimos que obligan al espectador a mantenerse alerta,
porque dentro de este corredor interminable cada detalle fuera de lugar importa,
y así la película convierte la observación en una necesidad desesperante
donde mirar un cartel, una sombra o una lámpara ya no parece suficiente,
hasta hacernos dudar si realmente vimos una anomalía o simplemente la imaginamos,
porque la monotonía es el peor enemigo que nubla nuestra mente.
Entre giros y vueltas, Exit 8 entiende que el verdadero terror nunca estuvo
en las anomalías escondidas dentro del pasillo ni en los rostros que se repiten,
sino en el miedo constante a avanzar hacia decisiones que pueden cambiarnos para siempre, porque el corredor infinito termina funcionando como un reflejo de nuestras propias dudas,
de aquellas veces donde preferimos seguir como si nada
pasara antes que enfrentar lo desconocido, y aunque la película nos obligue a volver una y otra vez al mismo recorrido, también deja en claro que romper el camino de siempre
y aceptar el cambio es la única forma de encontrar la salida hacia nuestro destino.
EXIT 8 LLEGA A SALAS DE CINE ESTE 14 DE MAYO
Si te gustó la nota seguinos en nuestras redes sociales clickeando en los logos de abajo.






Deja una respuesta