Protagonizada por la increíble Carmen Maura, Calle Málaga nos cuenta la historia de María Ángeles, una mujer española de 79 años que vive sola en Tánger, al norte de Marruecos. Al comienzo, vemos cómo disfruta de su cotidianidad hasta que la llegada desde Madrid de su hija Clara (Marta Etura) —con la noticia de que planea vender el departamento— da un giro de 180 grados a su realidad.
Como fan del terror, suelo sentirme cómodo en la incomodidad del género. Hay algo en la violencia desmedida o en lo irreal de ciertas propuestas que, curiosamente, te hace sentir a salvo. Sin embargo, esto no me sucede con el drama, que nos arroja a la cara los horrores de la vida misma. El envejecimiento, la soledad y la complejidad de los vínculos familiares están plasmados en los 116 minutos que dura el film. Pero no se asusten, no todo es sufrimiento: hay lugar para las risas, el amor y la aventura, aunque en todo momento subyace la sensación de que esa felicidad es perecedera.
Lo que en otras manos podría haber sido una película simplemente aceptable, se vuelve excelente gracias a la labor de Carmen Maura. Es una actriz no solo impecable sino sumamente versátil —hace muy poco la vimos en un registro totalmente opuesto en Vieja Loca (2025)— que nos pone en la piel de una mujer que lucha por cumplir su rol de madre sin renunciar a su autonomía.
La otra gran protagonista es Tánger. La ciudad natal que María Ángeles se niega a abandonar nos regala planos imponentes, especialmente en ese cementerio abandonado que la protagonista visita con frecuencia.
Calle Málaga no pertenece al tipo de cine al que estamos acostumbrados en estos tiempos, pero logra conectarnos con nuestra humanidad y con dilemas que, tarde o temprano, todos tendremos que atravesar. Al menos a mí, me ayudó a reflexionar sobre eso.
CALLE MALAGA YA ESTA DISPONIBLE EN LAS SALAS DE NUESTO PAÍS
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