Sé que es fácil ponernos apocalípticos y pensar que el cine está muerto desde, al menos, hace 10 años, pero la realidad es que el cine de género está viviendo su mejor momento en mucho tiempo. Después de unos años donde el mal llamado Elevated Horror reinó con un exceso de seriedad y solemnidad, todo indicaría que se volvió a permitir la diversión en una película. Ya volveremos en algún otro momento sobre eso, ahora vamos directo a lo importante: Pecadores (Sinners, 2025) es la primera gran sorpresa del año. Este nuevo cruce entre Michael B. Jordan y el director Ryan Coogler, luego de Creed (2015) y Black Panther (2018), no prometía demasiado en sus adelantos, pero vista la película, las cosas cambiaron bastante.

Ambientada en el sur de Estados Unidos en los años 30, acompañamos a los hermanos Smoke y Stack (Michael B. Jordan en un papel doble), recién llegados de Chicago a su Mississippi natal para abrir un club con la ayuda de su primo, el músico de blues Sammie (un enorme Miles Caton). Este disparador da pie a una historia dividida en dos mitades bastante claras. La primera nos sitúa en el contexto social de la época, donde la sombra del Ku Klux Klan y la segregación racial aún se siente. Los afroamericanos trabajan todo el día en las plantaciones de algodón y, después de una larga y cansadora jornada, quieren relajarse, bailar y tomar unos tragos. Ahí entra en juego el club nocturno de los gemelos.

En este comienzo, Pecadores se toma su tiempo para presentarnos a todos los personajes, sus motivaciones y los traumas del pasado que acarrean, para dar paso a una segunda parte donde aparece el factor fantástico. No es una sorpresa que me refiera a los vampiros que llegan al pueblo (está en el mismísimo tráiler), pero prefiero no develar mucho más de la trama. Lo que sí puedo decir es que, en este segundo acto, la historia vira hacia la acción y un terror moderado, con nuestro grupo de personajes atrapados en el club, al acecho de los moradores de la noche.

Esta mezcla de géneros, y sobre todo la división en dos partes de la línea argumental, nos trae a la mente otras obras que pueden haber servido como inspiración, como la grandísima Bone Tomahawk (2015), la película de Cuentos de la Cripta: Demon Knight (1995), entre otras. Pero la influencia más clara es Del Crepúsculo al Amanecer (From dusk till down, 1996), de Robert Rodríguez, otra historia de dos hermanos forajidos que terminan asediados en un club nocturno por vampiros. ¿Esto es algo malo? Para nada. Pecadores tiene su personalidad propia, donde la música —en este caso, el blues— cobra total protagonismo con secuencias que coquetean con lo musical sin pertenecer directamente a ese género.

Y hablando de las secuencias musicales, hay una en particular que se roba toda la película, mezclando el blues con otros géneros, donde diferentes épocas convergen de forma casi mágica. Todo esto filmado en unos gloriosos 65 mm, regalándonos una fotografía deslumbrante. Lo único negativo por mencionar es un CGI un tanto flojo en la parte final que, aunque no arruina el espectáculo, sí podría haber sido menos notorio. Recomiendo ampliamente verla en el cine y, si está a tu alcance, en una pantalla IMAX, ya que fue filmada específicamente para ese formato y es donde todo brilla en su máximo esplendor. El cine de acción y terror está de nuevo y más fuerte que nunca, y Pecadores es un claro ejemplo, así que tenés una cita obligada en cualquier sala del pais.

Pecadores se estrena este 17 de Abril en cines de Argentina.

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