Entre música, jóvenes promesas y escenarios palpables de nuestro querido conurbano, Conociendo la raíz (2026) es una obra musical que lleva la palabra independiente en cada fotograma y en cada canción. Nacida durante la pandemia y concretada tras años de escritura, filmación y producción, la propuesta de Hugo Meyer, Micaela Viviani y Daniela Viviani llega finalmente a la pantalla grande como resultado de una búsqueda artística tan perseverante como la propia historia que busca contar.

Conociendo la raíz, se centra en un grupo de jóvenes en una competencia musical organizada en su propio municipio, en la cual descubren que la música, el baile, la amistad y la conexión real que existe entre ellos pueden anteponerse a las expectativas ajenas y las presiones de una realidad que constantemente parece empujarlos en otra dirección.

Lo más interesante es cómo la propia existencia del proyecto termina reflejando aquello que busca transmitir. Así como sus personajes luchan y persiguen aquello que aman, sus creadores llevaron adelante esta producción contra todo pronóstico hasta el final. Tampoco deja de ser curioso que la historia se centra sobre tres protagonistas mientras, detrás de cámara, también son tres las personas que imaginaron, escribieron y sostuvieron este largometraje durante años. Ese paralelismo, intencional o no, reencuadra la obra en una especie de metalenguaje que hace espejo con la misma lucha que cuenta en pantalla, aunque capaz con menos canciones y bailes.

Cada referencia, cada sátira y gran parte de su humor se construyen en capas, desde el humor referencial de la cultura de los 80 y 90 hasta la comedia más física o tradicional, con sus muchos juegos de palabras. Según sus creadores, los números musicales buscan abrirse camino dentro de la historia de forma natural, rompiendo con las convenciones del género. Aunque su aparición puede hacerse esperar, una vez que la trama toma impulso son las canciones y coreografías las que terminan elevando la propuesta, apoyadas en el talento y el carisma de un elenco que encuentra en la música su mejor forma de expresión. A esto se suma el uso de locaciones reales. Todos estos elementos terminan por aportar una autenticidad difícil de fabricar en estos tiempos modernos.

Sin embargo, no todo funciona con la misma fuerza: algunas ideas y emociones se sienten reiteradas, en especial durante su primer acto; ciertos diálogos resultan demasiado explicativos y su duración, cercana a las dos horas, puede afectar el ritmo de una propuesta que encuentra sus mejores momentos cuando confía en sus canciones y el juego entre sus distintos personajes.

Aun así, más allá de sus imperfecciones, Conociendo la raíz cumple con aquello que parece proponerse desde el primer minuto. Utiliza el cine como un vehículo para transmitir una idea sencilla pero poderosa sobre la importancia de perseguir aquello que uno ama, y resulta difícil no ver en esta obra una muestra de esa misma perseverancia que la trajo a la vida, porque es ahí donde vive su mayor virtud: no solo habla de seguir los sueños, sino que existe porque nadie nunca debe dejar de soñar.

CONOCIENDO LA RAIZ LLEGA A LOS CINES EL 25 DE JUNIO

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