El día de la Revelación (Disclosure Day, 2026) es la nueva película del gran Steven Spielberg, quien, después de décadas, vuelve a uno de sus temas clásicos: ALIENS!
«¡Esta campaña de terror basada en mentiras, que ya dura 79 años, tiene que terminar!»
-Hugo Wakefield
¡PARÁ, PARÁ, PARÁ! ¿Enserió el titulo de esta reseña va a ser una frase de El Doctor?
¿Está mal? -Vale aclarar que la idea se la robé a uno de los chicos del staff de Sala C-.
Ahhhh bue… mejor empezá con la reseña, por favor.
El día de la Revelación (Disclosure Day, 2026) cuenta la historia de Daniel Kellner (Josh O’Connor), un experto en ciberseguridad que trabaja para la Corporación Wardex y que roba tecnología extraterrestre junto con archivos que prueban décadas de contacto entre humanos y alienígenas (como el Incidente Roswell).
Al mismo tiempo, Margaret Fairchild (Emily Blunt), meteoróloga y presentadora televisiva, comienza a experimentar fenómenos extraños e inexplicables. Aunque ambos no se conocen, sus destinos terminaran cruzándose: Juntos deberán unir fuerzas para revelar estos secretos al mundo y enfrentar las consecuencias de una verdad que podría cambiar a la humanidad para siempre.
Muy linda la sinopsis de ChatGPT, pero decinos: ¿Qué te pareció la película?
No es la primera vez que una película de Spielberg no me gusta, pero esta vez es diferente. Esta vez me toca escribir negativamente sobre una obra suya. Y aunque no soy nadie, el respeto es el respeto. Por eso, mejor ir directo al punto. Como dijo alguien una vez, parafraseando a Jesús: «Lo que haya que hacer, hagámoslo rápido».
Por otro lado, debo admitir que tenia expectativas muy altas -¿Cuántas veces uno recomienda «¡NO VEAN TRAILERS!» y uno no hace lo que dice? Confieso que he pecado-. Cuando vi el tráiler pensé: SPIELBERGO IS BACK! Pero después de verla, la sensación fue otra: sí… es una película de Spielberg hecha y derecha, pero… quizás… el problema es ese. Justamente ahí está el problema. Es una de Spielberg hecha y derecha.
Tiene el tono de Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encounters of the Third Kind, 1977), donde sigue presente el asombro y la fascinación característica de Spielberg por los extraterrestres, aunque acá no aparecen como una amenaza ni como seres extraños, sino como víctimas de nosotros, los humanos, y ahí aparece la cuestión. Al principio no entendía porque esto era un problema, y eso que soy de los que les gustan, quizás, hasta las películas mas criticadas de Spielberg… hasta que comprendí que estamos en 2026, no en 1977. A la película le faltan la ansiedad y la paranoia que esta época actual exige, más que nunca, de un thriller de conspiración. Una época atravesada por el cinismo, por la creciente deshumanización total.
Pasó demasiado tiempo. Aunque el interés de Spielberg resurgió a partir de un artículo periodístico, la mirada de la ciencia ficción que propone responde a otra época, a otra generación: la de un hombre de 79 años, criado en la postguerra, en una sociedad con una visión más optimista del futuro, de la ciencia ficción y del progreso tecnológico. Esa mirada envejeció y hoy, simplemente, ya no funciona igual como lectura de esta realidad.
Quizás también me jugó en contra que esperaba una de esas del Esteban que más me gustan. De esas que surgen de su lado no más taquillero, sino del que más arriesga. El de Múnich (2005), el de A. I. Inteligencia Artificial (A.I. Artificial Intelligence, 2001). Que Munich sea mi favorita suya -y a la vez, quizás, uno de sus mayores fracasos- dice algo: El Spielberg «ATP» -el de E.T, Jurassic Park e Indiana Jones -me gusta, pero no me vuelve loco.
Y duele más porque venía de Los Fabelman (The Fabelmans, 2022), una película profundamente personal, donde se nota que había algo en juego. Nada más y nada menos, que su propia historia – o esa tercera gran obsesión spielberiana, junto a los nazis y los extraterrestres: la figura paterna-. Un tipo que tiene todo -dinero, éxito y reconocimiento-, pero que, tras 60 años de carrera, veías que aun le importaba filmar esa película al igual como cuando era adolescente.
Acá, en cambio, hay momentos en los que parece filmar en piloto automático, como en una de esas que hace cada tanto para despuntar el vicio como Los archivos del Pentágono (The Post, 2017) o Bridge of Spies (Puente de espías, 2015). Ojo, buen cine, sí, pero menor dentro de la propia vara que el mismo construyo -Estas «pelis normalistas» serian las mejores de otras filmografías-. El talento es así. Aun al trote, le sobra para hacer algo bueno. Pero yo, personalmente, de Spielberg espero algo mas que hecho al trote.
Estamos hablando de una película en la que no dice nada nuevo. Ni siquiera logra usar la ciencia ficción como pretexto para contar algo más profundo. Algo que hizo innumerables veces como en Encuentros cercanos del tercer tipo, E. T., el extraterrestre (E.T.: The Extra-Terrestrial, 1982) o La guerra de los mundos (War of the Worlds, 2005).
¡¿Pero eso está mal?!
No necesariamente… pero en un contexto donde suceden cosas RAAAARASSSSS, EXTRAÑASSSS por parte de un gobierno de EE.UU. desesperado por cambiar el foco de la opinión pública (sumado al alza de precios, y la caótica situación geopolítica). Quizás ya no hacen guerras como en La Cortina de humo (Wag the Dog, 1997), pero unos pixeles con un poco de video donde «algo borroso» se ve, alcanzan para entretener por un rato a la opinión publica por redes sociales.
Además, los extraterrestres dejaron de ser ese gran misterio aterrador -No porque sepamos más, sino porque tenemos problemas más urgentes-, luego de que el gobierno de Estados Unidos esté agitando con «revelaciones» constantes de archivos sobre OVNI -ahora llamados UAP, Unidentified Aerial Phenomena o Unidentified Anomalous Phenomena, o su traducción: FANI, Fenómenos Aéreos No Identificados- cada 3 meses, el impacto se ha diluido bastante. Lo extraordinario se volvió cotidiano, y la visión de la película… ingenua e inofensiva.
Además, ya lo dijo Chichilo hace más de veinte años.
¿Quién?
*ME PONGO DE PIE* Samuel Chiche Gelblung.
¡¿Pero no fue Chiche el de la autopsia al extraterrestre?!
NAO NAO AMIGAO. Quizás ese sea uno de los efectos mandela más grandes de la TV argentina. Chiche nunca presento como verdadero el supuesto video de la autopsia a uno de los extraterrestres grises del Incidente Roswell. Sino que al contrario: el lo recreó para demostrar que era falso, luego de que Telefe emitiera el material como auténtico en Siglo XX Cambalache, el programa conducido por Fernando Bravo. Pero en el inconsciente colectivo quedó instalado como que él fue responsable del engaño.
¿¡WHATS?!
Sí. Además, hay que decir que la recreación de Chiche no tiene nada que envidiarle a la de Spielberg eh…
¡¿Chiche… desmintió una fake news?!
La Romi Scalora lo explica mejor. #JUSTICIAPARACHICHEYELET #JESUISCHICHE
¿Pero las fake news no las realizaba el en la dicta–
–si bien ya es de publico conocimiento que muchas veces las grandes producciones de Hollywood responden a necesidades del gobierno de EE. UU., uno quiere creer que este no es el caso, sobre todo si uno toma el contexto ya mencionado anteriormente. Si uno fuera malo, podría inferir o especular ciertas cosas pero uno no es mal pensado, ademas este es un incipiente ¿medio? que habla desde el mayor de los ¿respetos?.
Narrativamente, repite los mismos errores que cometió en otra película cuyas expectativas personales también estaban muy altas como Ready Player One (2018): Antagonistas estereotípicos y caricaturescos, protagonistas planos sin profundidad, y una trama simplificada, cuasiinfantil.
¿EH?
Esto sorprende porque Spielberg declaro que quería hacer un thriller de conspiración al estilo de los ’70, como Los tres días del cóndor (Three Days of the Condor, 1975). Uno podría inferir que era básicamente «Múnich + Extraterrestres». Pero fallo.
Y no es casualidad. Aquellos thrillers surgieron y narraron un Estados Unidos atravesado por traumas que habían cambiado profundamente a la sociedad y alimentaban la desconfianza en sus propias instituciones: El asesinato de JFK, el desastre de la guerra de Vietnam, Watergate, el miedo a una posible guerra nuclear.
En ese contexto, donde la paranoia –que tenia fundamentos que le daban razón de ser– encontraba una representación precisa, aunque no es que hoy, en la actualidad de Estados Unidos y en el mundo, falten paranoias o traumas por representar; más bien sobran. Sin embargo, la película no logra captarlos: La postpandemia, la crisis de natalidad, un mundo en el que no sabemos si la Tercera Guerra Mundial comienza mañana -o si ya comenzó-, corporaciones más poderosas que los propios Estados que explotan hasta el mas mínimo rasgo de nuestra atención, y una nueva revolución industrial que no solo nos pone en una masiva crisis laboral, sino que también filosóficamente. Y, peor aún, no hay un líderes ni instituciones que estén a la altura de esto.
Y aunque frente a esto, el film responde con reflexiones interesantes -sobre cómo la revelación puede poner en jaque, quizás, lo único que nos queda, que es la fe y la esperanza- y propone la empatía como eje central, como la posible salvación a través de escucharnos los unos a los otros, pareciera una respuesta insuficiente que queda reducida a algo ingenuo, casi naif. Tal vez en otra época hubiese funcionado, hoy suena insuficiente. Quizas por que buscamos respuestas, pero no las encontramos, y lamentablemente, quizás ni siquiera en el cine -el último refugio- logremos encontrarlas. Pero, aún tengo la esperanza de que, de algún modo, en las peliculas las vamos a encontrar. Quizás en eso, coincidamos.
¡¿PERO QUÉ TIENE DE MALO QUE HABLE DE UNA HUMANIDAD MÁS EMPÁTICAA!?
Porque hay que admitir que el punto más flojo de la película es el guión, a cargo de David Koepp, mientras que la puesta en escena, en cambio, es la de un Spielberg clásico, con oficio – y con eso le alcanza y le sobra-, mientras que Janusz Kaminski, su histórico director de fotografía , hace lo mismo de siempre: Planos y movimientos de cámara clásicos, y lens flares hasta para filmar una puerta (algo que si lo hace J.J. Abrams llamaríamos a RR.HH. pero bue… Abrams no filmo Las aventuras de Tintín (2011)).
En síntesis, el problema no está en cómo se ve, sino en qué se cuenta y cómo se cuenta.
¿Dónde quedó el Spielberg que arriesgaba, que uso la ciencia ficción como metáfora de una sociedad estadounidense traumada por el 11 de septiembre? ¿Dónde quedó ese David Koepp? ¿Dónde están?
Más aún tomando en cuenta que hacía 21 años que Spielberg no realizaba una película de ciencia ficción con extraterrestres, y que, en el medio, surgieron películas como La llegada (Arrival, 2016), que abordan el mismo tópico, también desde un lado humano: Seres extraterrestres que buscan comunicarse con los humanos en un contexto de tensión global, con Estados Unidos al borde de una inminente nueva guerra mundial. Frente a eso, esta película se percibe cada vez más fuera de tiempo.
¿Y si, quizás, esta vez no quisieron retratar la realidad, sino solo ofrecer una respuesta?
Puede ser… tendría más sentido, pero aún desde ese lugar, parece una respuesta insuficiente.
¡PERO NO HAY PORON–…!
… duele decirlo, pero a todos los directores en algún momento les llega su hora. Su día de la revelación: Ese instante en el que uno percibe que están fuera de época. Que su tiempo, lamentablemente, ya pasó. Que fueron reyes, pero ya no. Algo que no parecía posible… hasta que paso. Y esa fue, para mí, la verdadera revelación de la película.
Fuaaa…
Ya esta.
DIGRESIÓN: Si después de leer todo esto quedaste manija, dejo el chivo del especial que hicimos con Sala C (junto a Entre Collares y Correas) donde hicimos la tierlist de las mejores películas de extraterrestres.
¿Algo más para decir?¿Unas últimas palabras?
Si está reseña mal envejece, o si cambio de opinión en el futuro… que Dios y la patria me lo demanden.
«El día de la Revelación» estreno este jueves 11 de Agosto en los cines de nuestro país.






Deja un comentario