Cuando miramos arriba y vemos las nubes dibujadas en la bóveda celeste que es nuestro cielo, cuando el día está claro o nublado, cuando hacemos planes pensando que el finde va a estar bueno, toda esa capacidad de asumir lo que puede llegar a pasar existe gracias al amplio estudio de la meteorología. Una ciencia que, aunque pueda parecer moderna, lleva siglos intentando responder una de las preguntas más simples que puede hacerse el ser humano: ¿Mañana va a estar lindo?

En junio de 1944, el general Eisenhower (Brendan Fraser), comandante de las fuerzas aliadas, también miró el cielo y decidió que era mejor preguntarle a los expertos del servicio meteorológico militar inglés. El motivo era bastante más importante que decidir si llevar impermeable: el desembarco de miles de soldados en las costas francesas, el comienzo del fin de la Segunda Guerra Mundial, dependía de esa predicción. De su capacidad para intentar adivinar el futuro en el presente. Y así, El Día D: Bajo Presión (Pressure, 2026) pasa de una pequeña lluvia a convertirse, contra todo pronóstico, en una gran tormenta.

Adaptada de una obra de teatro inglesa de 2014 del mismo nombre, la película nos pone en la piel del capitán James Stagg (Andrew Scott), el meteorólogo encargado de elaborar un pronóstico que determine si las condiciones climáticas permitirán llevar adelante el desembarco de Normandía. Frente a él se encuentra Eisenhower y las presiones de los distintos miembros de las fuerzas aliadas, que necesitan una respuesta clara que podría cambiar el rumbo de la guerra y de la historia.

La influencia teatral se hace evidente en las escenas que suceden en los espacios más cerrados del cuartel general, donde los actores y los diálogos brillan. Todos tienen su momento para lucirse y demostrar que, como audiencia, somos capaces de ver secarse una habitación recién pintada si el diálogo es atrapante.

Es ahí donde la película encuentra sus mejores momentos, apoyándose en las interpretaciones y en la tensión de la situación en la que se encuentran. Sin necesidad de grandes explosiones, logra mantenernos al filo del asiento. Cuando se aleja de esos momentos más teatrales, quizás pierde un poco de fuerza. Sin embargo, la producción consigue sostener el interés gracias a una historia pequeña dentro de un marco mucho más grande. No estamos viendo el desembarco, sino a quienes, desde una habitación, intentan decidir si el mundo está listo para que ocurra.

Y quizás ahí esté su mayor virtud: convertir algo tan cotidiano como mirar el cielo y preguntarse qué tiempo hará mañana en una decisión capaz de cambiar la historia. La película nos pide que esperemos, que dudemos y que miremos las nubes junto a sus protagonistas, hasta dejarnos ver, finalmente, el sol al final de la tormenta.

El Día D: Bajo presión, ya se encuentra disponible para ver en las salas de nuestro pais.

Puntuación: 4 de 5.

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